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Si pensáramos en algún momento de nuestra vida como alumnos, tal vez recordaríamos un momento, un incidente en dónde sentimos vergüenza o miedo. Si recordamos un poco más, tal vez nos acordaríamos que después de ese incidente enfocarnos en aprender no fue una tarea fácil. Si siempre quisimos aprender inglés, por ejemplo, y nunca lo logramos, las emociones que nos conectan con esa sensación de fracaso desalientan el aprendizaje. Es nuestro cerebro el que bloquea el aprendizaje.
Si queremos desbloquear esas barreras, debemos reconocerlas y trabajar sobre ellas.

Hoy sabemos que las emociones positivas mejoran el aprendizaje mientras que las negativas, lo inhiben. Una de las tareas más importantes que debe realizar un docente es generar el mejor clima emocional posible en el aula (presencial y/o virtual) ya que las emociones- positivas o negativas- influencian cómo un niño percibe, procesa y recuerda información.

Necesitamos, por ende, un aula en donde nadie interfiera con el aprendizaje de un compañero; un aula sana. Nadie que se sienta inseguro o con miedo puede desplegar su mayor potencial o creatividad. Un poco de estrés- en deporte, por ejemplo- es bueno, pero un estrés profundo que se prolonga en el tiempo reduce la habilidad de aprender y recordar.

Las emociones son estados afectivos automáticos, inevitables y complejos que se desatan en nuestro cuerpo y nos brindan información muy valiosa. No sirve de nada decirle a una persona “no te enojes”; No lo puede evitar. Lo que sí puede hacer, es elegir qué hacer con ese enojo. Es decir, cómo manejarlo. Cuando un niño se enoja, podés decirle: “mi amor, explícame tu enojo, no me demuestres tu enojo”. También les podés explicar que está muy bien que se enoje, pero que eso no implica tratar mal a la gente. Y así, de a poco, van a prendiendo a auto regular sus emociones.

Autorregularse significa regular de manera exitosa los impulsos, emociones, atención y comportamiento para lograr un objetivo.
Debemos ayudar a los chicos a reconocer sus emociones y a autorregularlas. Como docentes y padres, validar sus emociones es crucial. Podremos no estar de acuerdo con las emociones que sienten los chicos a veces, pero no debemos descalificar esa emoción.

Conectarse con un alumno implica, muchas veces, un esfuerzo consciente por parte del docente.
Es fácil conectarse con el alumno con el que sentimos una mayor afinidad, pero muchas veces, es justamente el que no comprendemos, o el que juzgamos por cómo contesta, cómo se comporta, o cómo se viste, con el que más velozmente debemos conectarnos.
Esto implica, muchas veces, apartarnos de nuestras creencias o pre juicios y sentir empatía y a veces hasta compasión por ellos.

Como adultos, podemos elegir qué película ver, o con quién hacernos amigos. Como docentes no podemos elegir a quién vale la pena enseñar.
Enseñarle a quien nos enoja, nos frustra o nos decepciona, es también parte del nuestro trabajo. Conectarnos en el aula con quien nos gusta y nos presta atención sería el equivalente de un médico que atendiera solamente a pacientes sanos o un mecánico que sólo recibiera autos en buen estado…
Estos chicos que demandan atención, necesitan atención, y muchas veces son los mejores maestros para que nosotros mismos podamos practicar la paciencia, la tolerancia y que podamos despojarnos de los prejuicios.
Intentar encontrarnos con ellos fuera después de la clase, ya sea a través de una platadorma, o por whatsapp, y dedicarles dos o tres minutos para conversar acerca de cualquier tema que no sea “del colegio” también ayudará a generar una conexión emocional. Aun si al principio fuese forzado, vas a ver que con el tiempo este tipo de interacción se va a hacer más natural y al poco tiempo vas a evidenciar una mejora en el comportamiento del alumno en clase.
Las escuelas deben poner el foco no sólo en lo cognitivo, en enseñar contenido, sino también en el aprendizaje socio-emocional. Sino, lo cognitivo se resiente.

Una gran clase puede no ser de utilidad si el alumno no siente que pertenece, no se siente seguro emocionalmente o no tiene vínculo con su docente.
Como docentes, el aula es nuestro santuario. En esta pandemia hemos encontrado nuevos lugares para encontrarnos. Ahora debemos encontrar la manera de sostener el vínculo. Es decir, no descuidar lo emocional.
Qué opinan?
Los leo!
Un abrazo,
Laura

#LauraLewinOnline